HOMENAJE DE GOOGLE A LA PATRIA Y ALGO DE NUESTRA HISTORIA

Con un doodle, Google, la página web más popular del mundo y el motor de búsqueda más utilizado a nivel mundial, celebra con Paraguay su 208º aniversario de Independencia. El doodle con los colores patrios permite tener acceso directo a los hechos que hicieron a la independencia nacional.
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La independencia del Paraguay fue el proceso histórico por el cual la actual República del Paraguay se independizó de España, su metrópoli colonial, al tiempo que rechazaba también incorporarse al estado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata (del mismo modo que a su sucesor, la Confederación Argentina), que pretendía ejercer soberanía sobre todos los dominios del extinto virreinato del Río de la Plata, incluida la intendencia del Paraguay.
No existe consenso entre los historiadores acerca de las fechas que definen los límites de dicho proceso independentista. No obstante, se admite generalmente que a partir de la revolución de mayo de 1811 y en adelante, el Paraguay se administró a sí mismo sin subordinación a gobiernos exteriores.nota 1
La ciudad de Asunción del Paraguay fue la primera capital de la gobernación del Río de la Plata; desde allí partieron las expediciones que fundaron las demás ciudades de la misma, entre ellas Buenos Aires. Eso le valió, entre los historiadores, el calificativo de «madre de ciudades».1​
MEJORADO
La división de la gobernación en dos, quedando Buenos Aires como capital de la gobernación del Río de la Plata y Asunción como capital de la gobernación del Paraguay, no alteró durante mucho tiempo la primacía del Paraguay en la cuenca del Plata. En primer lugar, primacía poblacional: hasta la segunda mitad del siglo XVIII, la población de Buenos Aires fue menor que la de Asunción, y no fue hasta bien entrado el siglo XIX que la jurisdicción de Buenos Aires superó en población a la del Paraguay.1​2​

La revolución comunera del Paraguay, ocurrida entre 1717 y 1735, inició un proceso de pérdida del favor real para esa provincia,1​3​ proceso que fue continuado con la preponderancia del gobernador de Buenos Aires en las guerras guaraníticas,4​ y con el encargo real del rey español al gobernador de Buenos Aires Francisco de Paula Bucarelli de dirigir la expulsión de los jesuitas no solamente de su jurisdicción, sino también de las gobernaciones vecinas.5​ El proceso culminó en el año 1776, con la creación del virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires y en cuya jurisdicción figuró la provincia del Paraguay. En 1782 el virreinato se dividió en gobernaciones militares y en ocho intendencias siendo una de ellas el Paraguay.6​7​

Otro factor que amplió los resentimientos paraguayos fue el cierre de la navegación paraguaya hacia el Río de la Plata. En 1739 la Real Audiencia de Charcas dispuso que Santa Fe fuera un puerto preciso de la navegación del Paraguay, lo que fue confirmado por la real cédula del 1 de abril de 1743. Todos los barcos procedentes del Paraguay debían desembarcar sus cargas en Santa Fe para luego de pagar un impuesto seguir por tierra hacia Buenos Aires, lo que provocó disputas entre los cabildos y gobernadores de las tres ciudades. El 13 de abril de 1780 el virrey Pedro Melo de Portugal abolió provisoriamente los privilegios del puerto preciso de Santa Fe, lo que fue confirmado por el Consejo de Indias el 14 de febrero de 1781.8​

En general se supone que los paraguayos solamente toleraron la nueva situación, que los ponía manifiestamente en inferioridad de condiciones respecto a la ciudad que había sido fundada por asuncenos y gobernada desde Asunción.9​ Se generó entre la población paraguaya un resentimiento contra Buenos Aires, que se mantuvo oculto hasta el final del período colonial. Incluso la decisión de deponer al virrey Sobremonte, tomada exclusivamente por los estamentos porteños en 1807, fue aceptada sin reclamación alguna en el Paraguay, y esta intendencia participó en la defensa contra las Invasiones Inglesas con una fuerza de 953 hombres, parte de ellas comandados por el coronel de milicias José de Espínola y Peña.1​

La oposición del Paraguay a la influencia porteña se debía también a factores económicos. Durante y después de las invasiones inglesas, los comerciantes porteños se beneficiaron de un libre comercio que no modificó la situación desfavorable que el Alto Plata mantenía con ellos. A esto se agregó que la mayor influencia de los comerciantes porteños sobre las autoridades coloniales en comparación con sus colegas del Alto Plata generó en las distintas áreas que componían dicha región (Paraguay, las provincias del Litoral, sur del Brasil) un profundo sentimiento de suspicacia y recelo hacia la poderosa ciudad-puerto.10​

Luego de las Invasiones Inglesas, el virreinato quedó regido de hecho por un sistema de libre comercio internacional, y el antiguo monopolio colonial fue reemplazado por una relación mercantil muy favorable a Buenos Aires. En los años siguientes a las invasiones británicas, los comerciantes asuncenos pretendieron elevar los precios de sus exportaciones y crear un monopolio para la yerba mate similar al que existía sobre la venta de tabaco, llamado estanco del tabaco. Los asuncenos pretendían reducir así la competencia de la Villa Real de la Concepción y obtener mayores ganancias a expensas de los consumidores de Buenos Aires, que sufrirían los efectos del monopolio. El secretario del Real Consulado de Buenos Aires, Manuel Belgrano, presionó exitosamente al virrey para impedir que se concretara el monopolio, lo que generó profundos sentimientos de suspicacia y recelo en las regiones productoras de yerba mate, que estaban en su apogeo al momento de la Revolución de Mayo.

Constitución de la Junta Provisional Gubernativa
El 17 y 19 de mayo de 1810, el virrey Cisneros publicó la Copia de los artículos de la Gazeta de Londres y el Aviso al público que contenían noticias correspondientes a febrero de 1810 y que provenían de Londres y Cádiz respectivamente. Las mismas anunciaban que la resistencia en España contra Napoleón Bonaparte solo subsistía en la bahía de Cádiz y que la Junta Suprema Central, residente hasta entonces en Sevilla, había sido suprimida.

El 25 de mayo de 1810, el cabildo gobernador de Buenos Aires nombró una junta provisional gubernativa que sustituyó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Como la subrogación se realizó sin consultar a “los pueblos”, es decir, a las ciudades y villas del virreinato, el 27 y 29 de mayo, la nueva Junta y el Cabildo de Buenos Aires dirigieron diversos documentos, en los que expusieron los motivos de la deposición del virrey, la solicitud del reconocimiento de la autoridad provisional de la nueva junta como “centro de la unidad” y el envío de diputados para “establecer la forma de gobierno que se considere más conveniente”. A este último efecto se adicionó la Circular del 26 de mayo firmada por Cisneros donde este comunicaba su abdicación y recomendaba el envío de diputados.

Primer contacto de la junta de Buenos Aires con Asunción
Artículo principal: José de Espínola y Peña
El 21 de junio de 1810, llegó a Asunción el enviado de la junta de Buenos Aires, el coronel de milicias José de Espínola y Peña.

Los miembros de la junta de Buenos Aires sabían de la enemistad entre Espínola y Peña y el gobernador del Paraguay Bernardo de Velasco. Este lo había destituido dos veces de su cargo y había manifestado al virrey Cisneros que rever esa decisión implicaría “un disgusto general en esta provincia”.11​ También sabían que el cabildo de Asunción había solicitado al virrey que no volviera a darle cargo alguno en el Paraguay.

Con este nombramiento la junta de Buenos Aires manifestó la magnitud de su poder que podía “funcionar con todo su rigor y en el límite extremo de su racionalidad violenta aun en manos de alguien que resultaba descalificado”.12​ La descalificación de Espínola y Peña era triple: por sus características personales; por sus antecedentes políticos; y por tener el cargo de simple emisario del gobierno de Buenos Aires.

Los historiadores, además de exagerar la importancia de esta gestión, la calificaron como un error de la Junta y la justificaron como fruto de la improvisación, la urgencia y el desconocimiento de la “psicología de los pueblos del interior”.13​14​ Sin embargo, a posteriori, la junta de Buenos Aires mantuvo su política de utilizar a esta conflictiva familia para sus fines de sujeción y tras la muerte del coronel Espínola y Peña, en septiembre de 1810, ordenó a sus dos hijos, José y Ramón, que se pongan a disposición de Belgrano como edecanes en la expedición militar contra el Paraguay.

La misión de Espínola y Peña terminó con su huida del Paraguay ante la sospecha de que Velasco lo quería confinar sacándolo de Asunción rumbo precisamente a la Villa Real de la Concepción. El 18 de agosto Velasco emitió una circular a los comandantes y comisionados de los pueblos de Costa Abajo declarando a Espínola “mal patriota, suspenso del mando que a su graduación corresponde”, y advirtiendo que “se tendrá por sospechoso de complicidad al que le obedezca, auxilie, o de cualquier modo perturbe la pública tranquilidad con las especies, que divulgó dirigidas a desunir los ánimos, y a formar Partidos perniciosos”.15​ De esta manera Velasco estableció claramente que su autoridad era equivalente al de la Junta de Buenos Aires y cerró la posibilidad de que otros emisarios pudieran confundir a los funcionarios de su jurisdicción como lo había hecho Espínola.

En Buenos Aires logró convencer al gobierno de que enviando una pequeña fuerza militar podía lograrse la adhesión de la provincia ya que, según él, la mayoría apoyaba la unión con Buenos Aires. Según Belgrano el gobierno creyó lo que decía Espínola porque era “fácil persuadirse de lo que halaga”.

Con el fracaso de este primer intento de la Junta, la posición de Velasco y el grupo españolista de Asunción se fortaleció políticamente antes de la reunión de la junta general del 24 de julio de 1810.

Congreso del 24 de julio de 1810
Véase también: Rechazo del Paraguay a la Junta de Buenos Aires
En las comunicaciones que trajo el coronel José de Espínola y Peña, la Junta de Buenos Aires decía:

“V.S. conoce muy bien los males que son consiguientes a una desunión, que abriendo la puerta, a consideraciones dirigidas por el interés momentáneo de cada pueblo, produzca al fin, una recíproca debilidad que haga inevitable la ruina de todos, y ésta debería esperarse más de cerca, si la potencia vecina que acecha, pudiese calcular sobre la disolución de la unidad de estas provincias.”

Oficio del 27 de mayo de 1810 de la Junta Provisional Gubernativa en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 168, tomo III, vol.1)
El día 26 de junio, el gobernador convocó al cabildo de Asunción y le pidió su parecer en una reunión que él mismo presidió:16​

(…) que tratándose de un asunto extraordinario de la mayor gravedad, y en cuya resolución se interesaba toda la provincia, convenía proceder con toda madurez y circunspección, conociendo fielmente su voluntad, y que para ello se convocase una asamblea general del clero, oficiales militares, magistrados, corporaciones, hombres literatos y vecinos propietarios de toda la jurisdicción, para que decidiesen lo que fuese justo y conveniente.

Acta del Cabildo de Asunción
El 28 de junio de 1810, acatando el dictamen del Cabildo, el gobernador Velasco, en su calidad de “Gobernador Militar y Político e Intendente de la Provincia del Paraguay y treinta Pueblos de Misiones de Indios Guaraníes, y Tapes del Uruguay, Paraná, Campañas Adyacentes” convocó a una asamblea que finalmente se inició el 24 de julio:

(…) por quanto para proceder con la madurez y circunspección devida al reconocim.to de la Junta Provisional Guvernativa instalada en Buen. Ay.s á consecuencia de la abdicación del mando hecha por el Exmo. Sor. D.n Balthasar Hidalgo de Cisneros, y elección de Diputado que deve pasar á aquella Capital como Representante de esta Prov.a p.a tratar del Gov.no que en nombre del Sor. D.n Fernando Septimo deba establecerse mientras duren las actuales circunstancias; se ha acordado en Cav.do celebrado con mi asistencia el veinte y seis del corr.te la combocación de una Junta gral. que se congregará el día quatro de Julio próximo á las ocho de la mañana en las casas R.s de Gov.no, y se compondrá del Rv.d Obispo, Clero, Corporaciones, Gefes, Magistrados, y de los prales. vecinos de esta Prov. (…) y ninguno de los citados pueda escusarse de asistir á la mencionada Junta sin incurrir en la negra nota de indiferente p.r el serv° del Rey Nro. Sor. D.n Fernando Septimo, y felicidad de la Patria.

Gobernador Velasco. Convocatoria Junta general en (Ashwell, 1999, p. 203-4)
Recién el 17 de julio, Velasco y el Cabildo de Asunción, en forma conjunta, respondieron el oficio que había traído Espínola. Manifestaron que dada la “gravedad del asunto” se había acordado celebrar “un Consejo general” el 24 de julio de cuyo resultado se daría “oportuno aviso” a la Junta. La nota mencionó además:

El “disgusto” por la venida de Espínola, a quien se calificó como “conductor de los pliegos”, es decir, un mensajero sin representación. También mencionó su “vergonzosa fuga”, sin motivo alguno. Esto implicaba responsabilizar a la junta de Buenos Aires por la elección de semejante emisario.
El retorno al “sosiego inalterable” de la provincia después del alboroto que había producido la improcedente medida de Espínola de querer reclutar hombres, motu proprio o no, para enviarlos a Buenos Aires y que el gobierno tuvo que salir apresuradamente a desmentir.
La “acendrada” fidelidad de la provincia a Fernando VII anticipando posibles acusaciones de deslealtad al monarca prisionero como argumento político.
La “respetuosa sumisión [de la provincia] a las autoridades legítimas”. Esta aclaración se dirigía al punto más débil de la junta de Buenos Aires: su legitimidad. El fiscal Villota ya la había anticipado como problemática en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 cuando sostuvo que se debía hacer una consulta previa a todas las provincias del virreinato.17​ De hecho el gobernador Velasco había sido nombrado directamente por el rey Carlos IV, mientras que la Junta fue nombrada por el cabildo de Buenos Aires que solo asumió el “ejercicio” de la soberanía pero no “en propiedad” según la expresión legal de la época.
El 24 de julio se reunió, en el Real Colegio de San Carlos, bajo la presidencia de Velasco, un congreso de 225 funcionarios y vecinos influyentes de toda la provincia. La Asamblea comenzó con la lectura de una proclama por miembros del Cabildo de Asunción, explicando las razones de la convocatoria, dando a conocer las últimas noticias que se tenían de España y aconsejando las medidas que se deberían tomar. El congreso resolvió por aclamación no adherir a la Junta de Buenos Aires, aunque sí mantener relaciones fraternales con ella, y jurar obediencia al Consejo de Regencia de España e Indias, desechando el parecer del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia que expuso:

“Esta asamblea no perderá su tiempo debatiendo si el cobarde padre o el apocado hijo es el rey de España (…) Ninguno de ellos es ya rey del Paraguay (…) La única cuestión que debe debatirse en esta asamblea y decidirse por mayoría de votos es cómo debemos defender y mantener nuestra independencia contra España, contra Lima, contra Buenos Aires y contra el Brasil”.

Discurso atribuído al doctor Francia en el Congreso General del 24 de julio de 1810 en (Vittone, 1960, p. 13/14)
Teniendo en cuenta la advertencia de la Junta de Buenos Aires sobre una posible invasión portuguesa al Paraguay, la asamblea decidió también formar una Junta de Guerra para defender la Provincia.

Las decisiones tomadas por la Asamblea fueron:

Artículo 1º – Que inmediatamente y sin disolverse esta Junta, se proceda al reconocimiento y solemne jura del Supremo Consejo de Regencia, legítimamente representante de nuestro Soberano, el señor Fernando 7º; respecto a que según los incontestables documentos que se han leído y tenido presente, no puede dudarse de su legítima instalación y reconocimiento por las Provincias de España, Naciones Aliadas, y hasta en este mismo continente.
Art. 2º – Que se guarde armonía correspondiente y fraternal amistad con la Junta Provisional de Buenos Aires, suspendiendo todo reconocimiento de superioridad en ella, hasta tanto que S. M. resuelva lo que sea de su soberano agrado en vista de los pliegos que la expresada Junta Provisional dice haber enviado con un oficial al Gobierno Soberano legítimamente establecido en España, y del parte que se dará por esta Provincia.

En precaución a la advertencia de la Junta de Buenos Aires respecto a una posible invasión portuguesa al Paraguay, el Congreso decidió:

Art. 3º – Que en atención a estarnos asechando la Potencia vecina, según manifiesta la misma Junta, disponga nuestro Gobernador Comandante General, se forme a la mayor brevedad una Junta de Guerra para tratar y poner inmediatamente en ejecución los medios que se adopten para la defensa de esta Provincia, que en prueba de su fidelidad al Rey, está pronta a sacrificar las vidas y haciendas de sus habitantes por la conservación de los dominios de S. M.
Art. 4º – Que se de cuenta al Supremo Consejo de Regencia, y se conteste a la Junta de Buenos Aires, con arreglo a lo resuelto y acordado en esta acta, que se archivará para perpetua memoria; y la firmaron los señores arriba expresados y demás que forman este respetable Congreso de que da fe – Jacinto Ruíz – Escribano público de Gobierno.

Velasco dio a conocer al pueblo lo decidido y aconsejó que se evitase toda discusión y controversia sobre los puntos ya decididos, amenazando con poner en prisión a quienes perturben la tranquilidad pública.

El 30 de julio Velasco publicó otro bando llamando a los paraguayos a alistarse para cuando la Patria los necesite, creando un cuerpo militar del cual él se puso al frente, secundado por un encargado de la economía y con una fuerza efectiva de todos los ciudadanos y habitantes sin distinción de patricios ni forasteros. Al capitán Carlos Genovés, nombrado por Velasco, y al regidor José García del Barrio, nombrado por el cabildo, se les encomendó la tarea de hacer una lista de individuos alistables de Asunción y de las armas en manos de particulares. El 8 de agosto Velasco prohibió que se gastase o vendiese pólvora y estableció un toque de queda en la ciudad.18​

Ultimátum de la Junta de Buenos Aires
A principios de agosto llegaron tardíamente a Asunción dos circulares de Buenos Aires, fechadas el 18 de julio, comunicando que los diputados a elegirse debían serlo en los términos de la Real Orden del 6 de octubre de 1809. El Cabildo, cuyo alcalde de primer voto era Bernardo de Haedo, respondió esas notas el 18 de agosto sobre la base de lo dispuesto por el congreso del 24 de julio: “este Cabildo les dará el debido cumplimiento luego que Su Majestad lo ordene”, comunicándole además que se había recibido la Real Cédula de erección del Consejo de Regencia, “a cuyas órdenes se halla sumisa y sujeta toda esta Provincia.”

Antes de recibir la comunicación de lo resuelto en Asunción el 24 de julio, la junta de Buenos Aires bloqueó las comunicaciones con el Paraguay e incentivó contra el gobernador Velasco a grupos paraguayos favorables a Buenos Aires. Además, en respuesta a la nota del 27 de julio, la junta de Buenos Aires envió un ultimátum el 18 de agosto al gobernador, al Cabildo y al obispo del Paraguay. Asumía que la negativa de la provincia del Paraguay a depender legalmente de ella se originaba exclusivamente en el gobernador Velasco:

(…) Prescinda Vuestra Señoría de su interés personal, cierre los ojos a todo temor de que peligre su empleo o padezca su individuo; y entonces quizás no se presentará el nuevo sistema tan terrible, como ahora pretende pintarlo (…) requiere a Vuestra Señoría por última vez que se una a la Capital, que deje obrar al Pueblo libremente, que reconozca la dependencia establecida por las Leyes, y que promueva la remisión del Diputado, para la celebración del Congreso, que debe tranquilizar a estas Provincias. Si Vuestra Señoría persiste en su pertinacia, será responsable ante Dios y el Rey de los males, que se preparan.

Junta de Buenos Aires a Velasco en (Garay, 1897, p. 34-35)
El 8 de septiembre, llegó a Asunción una nota de Vicente Nieto, presidente de la Real Audiencia de Charcas. Comunicaba la negativa de las ciudades del Alto Perú que dependían de ella, a reconocer a la junta de Buenos Aires. Gracia la publicó por bando al día siguiente.19​

Preparativos militares en el Paraguay
Si bien la Asamblea del 24 de julio dispuso la formación de una junta de guerra para resistir una posible invasión portuguesa, tras el ultimátum de la Junta resultó evidente que era más probable un ataque proveniente de Buenos Aires. En septiembre de 1810, Velasco tomó medidas de seguridad interior: cerró el puerto y paralizó el comercio; algunas personas partidarias de Buenos Aires fueron confinadas al Fuerte Borbón.

Tras delegar el mando administrativo en el Cabildo, asumió el mando de las milicias provinciales, instaló su cuartel general en el colegio San Carlos, pertrechó algunos barcos mercantes con destino a Ñeembucú. Se ordenó a Pedro Gracia, coronel de milicias del Regimiento N° 2 de Voluntarios de Caballería de Costa Arriba (o zona al norte de Asunción) y comandante político y militar de la Villa de San Pedro de Ycuamandyyú, que realizara el alistamiento y acuartelamiento de tropas, pudiendo nombrar oficiales hasta el grado de capitán.

Requisa de armas en las Misiones
El virrey Cisneros había sugerido a Velasco la necesidad de crear una jefatura en las Misiones dada la dimensión y distancia que estaban esos territorios de Asunción. La designación recayó en el sargento mayor graduado coronel Tomás de Rocamora quien, con el título de teniente gobernador, se hizo cargo de los asuntos políticos y militares en cuatro departamentos de las Misiones al sur del Paraná. Rocamora asumió como segundo de Velasco por providencia del 19 de diciembre de 1809.20​

Al crearse la junta de Buenos Aires cinco meses después, Rocamora se adhirió a ella. El 23 de julio de 1810 “hizo saber a la Junta que el gobernador del Paraguay, del cual dependía, pretendía sustraerlo de la subordinación a Buenos Aires, puesto que aquel no acataba a la autoridad del Plata”.21​

A comienzos de agosto, Velasco pidió a Rocamora que envíe media docena de piezas de artillería. A tal fin envió a Fulgencio Yegros, quien no pudo realizarla porque Rocamora manifestó que las que tenía estaban en su mayoría inutilizadas.

Anticipándose a las operaciones enemigas, Velasco se dirigió personalmente hacia las Misiones. Su objetivo principal era recoger todas las armas que pudiera encontrar en esa zona, que podría ser una base de operaciones para invadir el Paraguay por Itapúa. El 19 de agosto de 1810 partió de Asunción saludado por una salva de artillería. Llevaba como ayudante al segundo de Gracia, al paraguayo Manuel Atanasio Cabañas, poderoso estanciero de la Cordillera de quien tenía excelente opinión desde la época de las invasiones inglesas. La expedición estaba integrada por dos compañías: la de los Cuarteleros iba al mando de Benito Villanueva, oriundo de Villeta, la de Miñones iba al mando del artillero español Antonio Zavala. Como apoyo incorporó en el camino, como auxiliares, una compañía de pardos libres y otra de indígenas misioneros.

Sabiendo que Velasco se movía hacia el sur, y sin tener órdenes de la Junta, Rocamora se instaló y concentró algunas fuerzas en Yapeyú, punto intermedio para recibir apoyo desde Buenos Aires o poder retirarse. Estos movimientos no pasaron desapercibidos al coronel portugués Francisco das Chagas Santos. Pese a la misiva que le había enviado Velasco el 31 de agosto, se alarmó por el movimiento de tropas tan cerca de su frontera, comandadas además por el propio gobernador del Paraguay.22​

Pablo Thompson, subdelegado de Concepción, se plegó a Velasco y comenzó a reunir caballos, reses, hombres y armas con el objeto de marchar hacia Candelaria para unirse al gobernador del Paraguay. El 30 de agosto Velasco llegó a Candelaria, hizo jurar fidelidad al Consejo de Regencia de Cádiz y ordenó a los departamentos la captura de Rocamora “para imponerle el ejemplar castigo que merecía por haberse introducido en el territorio de mi mando, sin mando, sin autoridad ni jurisdicción, y ser sedicioso perturbador público y traidor a la Patria y al Rey”.23​ Rocamora informó a Buenos Aires que a Velasco, en Apóstoles, “continuamente se le aumentan paraguayos y él agrega los indios de los tres departamentos rebelados”. El teniente Pareti, subdelegado interino de Concepción e informante de Rocamora, entregó “pertrechos y efectos del Rey” a las fuerzas de Manuel Cabañas.

Velasco regresó de las Misiones con todo el armamento que pudo encontrar. Había volcado a su favor tres de los cuatro departamentos sin hacerse ilusiones sobre la lealtad de los subdelegados que se plegaban, según las circunstancias, a uno u otro bando. Asignó al capitán Carlos Thompson el control de la margen derecha del río Paraná y trajo consigo al maestro armero italiano Miguel Tiragalo, importante artesano que se haría cargo del arsenal de Asunción hasta el año 1816. Con esta operación se incorporó además a la provincia del Paraguay todo el territorio misionero comprendido entre el río Tebicuary y el río Paraná. El estratégico avance de la frontera hasta este río ya figuraba en los planes de Velasco desde mucho antes del congreso del 24 de julio.24​

En su marcha hacia el sur, antes de cruzar el río Tebicuary, Velasco había constatado la presencia de antiguos partidarios de Espínola y Peña en esa zona, entre ellos el sargento mayor José Luis Mora, excomandante de Quiindy por lo que a su regreso lo envió engrillado a Asunción.

Ya el 10 de agosto, Rocamora había solicitado su separación de la provincia del Paraguay pero la Junta no había atendido sus pedidos de auxilio y protección. Recién el 16 de septiembre, la Junta decidió liberar a Rocamora de la dependencia del gobernador Velasco designándolo solamente como gobernador “interino”.25​
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